A lo largo de la historia los conflictos armados han estado definidos por principios y conceptos que parecen inmutables al paso del tiempo. Entre ellos se encuentra el de la «masa» o «masa movilizable»: la cantidad de personas y capital humano que un país puede organizar para defender sus fronteras y derrotar al enemigo. Este concepto ha evolucionado, y hace no más de un lustro parecía haber quedado latente. No obstante, ahora ha resurgido con fuerza, dejando claro que nunca desapareció y siempre estuvo ahí, entre bambalinas.
Después de la Guerra Fría, los países apostaron por crear ejércitos pequeños y muy especializados compuestos por soldados profesionales. Las políticas de reclutamiento se modificaron o desaparecieron. Sin embargo, y debido a la marea geopolítica que vivimos en la actualidad, tales ideas han vuelto a la palestra dejando un panorama bastante heterogéneo. Por un lado, hay estados que se niegan a recuperar ese servicio militar obligatorio y otros que lo han hecho a toda prisa debido al miedo a futuros conflictos armados. Nada ejemplariza mejor esa situación que Marruecos y España. Dos países que están frente a frente en las más distintas cuestiones y que, a grandes rasgos, son competidores directos en el Mediterráneo occidental.
En 2006 el Marruecos de Mohamed VI decidió suprimir el servicio militar obligatorio para los jóvenes. Con toda seguridad fue un movimiento que seguía la política de su entorno inmediato, ya que España lo eliminó en 2001. Durante la siguiente década esto se mantuvo sin cambios hasta 2018, cuando, tras transformaciones en las posturas y exigencias del reino norteafricano, se decidió reintroducirlo. Así pues, y en la última década, el país ha vuelto a recuperar su estructura de censos y servicios para la población joven. Los cuales tiene la obligatoriedad de apuntarse en los distintos registros desde una edad comprendida entre los 19 y los 25 años, ya sean hombres o mujeres.
