OPINIÓN

La culpa de que un Guardia Civil muera en el estrecho la tiene su vecina del quinto.

opinión la culpa de que un guardia civil muera...

Así como se lo digo. Y si me dan un momento se lo desarrollo.
Antiguamente, en los buenos viejos tiempos, tu ponías a un chaval de 18 años de Soria, un decir, en una alejada garita en mitad de ninguna parte con un CETME y cuarenta cartuchos, y allí no se acercaba nadie que no debiera acercarse.
Porque era de general conocimiento que, tras darte el alto tres veces y pedirte el santo y seña, si no contestabas correctamente, el chaval de Soria te podía meter una ensalada de tiros del 7,62, que no es cualquiera cosa, y aquel proceder estaría plenamente justificado social y judicialmente.
Porque allí había mucho más que un chaval de Soria. Ya que ese chaval de Soria, con su mili obligatoria, sus trinchas y su armamento anticuado, era el representante del estado español, y por lo tanto del pueblo español en aquel momento y circunstancia concreta.
Había dignidad.
Actualmente cualquier narcotraficante de tres al cuarto se puede permitir el lujo de burlarse de un capitán de la Guardia Civil, hacerle un corte de mangas en su cara… o embestirle en mitad del mar hasta asesinarlo si llega el caso.
Y todo porque un político, que la única vez que se mete en el agua es en la piscina de su chalé de la Moraleja, le tiene las manos atadas a la espalda con unos protocolos altamente inefectivos y a menudo suicidas.
Y esto no lo digo yo. Esto lo dicen todas y cada una de las asociaciones y sindicatos policiales.

Decisiones de corte político que no van en función de la operatividad policial, sino de un tacticismo político bajuno y torticero.
Decisiones que cuestan vidas honorables, que se toman sin ninguna honorabilidad.
Pero sigamos con la argumentación lógica.
¿Quién tiene la culpa de que el político tenga la capacidad de tomar ese tipo de decisiones criminales?
Los ciudadanos con su voto.
Porque esos políticos no han amanecido como por arte de magia en su poltrona, sino que están puestos ahí mediante un proceso electoral.
Políticos que han sido votados por el simpático ancianete que ve usted jugando a la petanca en el parque, por el personaje que se pasa la vida vegetando de paguita en paguita, el nieto que vota por correo desde Argentina o Chile sin haber pisado en la vida España y sí…
… por su vecina del quinto.
Por lo tanto, su vecina del quinto, con su irresponsabilidad y superficialidad suicida a la hora de ejercer el derecho al voto es, en última instancia, la máxima responsable de la muerte de un guardia civil en el Estrecho.
Sí, su vecina del quinto y todos aquellos “vecinos del quinto” que votan sin meditar las consecuencias que sobre el resto de la ciudadanía va a tener su decisión.
Los que votan estúpidamente por motivos triviales o sin saber lo que votan.
Los que votan por intereses mezquinos y bajunos.
Los que votan porque es lo que “han votado siempre”
Aunque ella, su vecina, nunca lo vería así, porque… ¿qué culpa voy a tener yo de eso que pasa tan lejos de mí, si voto a ese candidato porque es “mu” guapo y hay mucho facha suelto por ahí?
Y ahí acaba toda la cadena de responsabilidades. El último peldaño.

Juan Carlos Rodríguez Poré

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